“Dios no te hubiera dado la capacidad de soñar
sin darte también la posibilidad de convertir tus sueños
en realidad”
Siempre vagaba por la cuidad, tranquilo. No tenía muchas preocupaciones, hace años estaba ya alejado de esa palabra, solo se preocupaba de vivir… o sobrevivir. Su vida poco a poco se había convertido en una mera rutina, todos los días despertaba temprano para ir a trabajar, a término de la jornada se dirigía a su otro trabajo y así, pasaba días, semanas, meses y años… ya siete años en lo mismo.

Siempre pensaba en los años que habían pasado ya de todo y cuánto había perdido en cada uno de ellos, por cada año que pasaba iba perdiendo menos de cada cosa, pues claro, ya no tenía nada más que perder, si ya lo había perdido todo… o casi.

Es así como un día recordó como era su navidad, cuando la celebraba hace siete años… o más. Una lágrima corrió por su mejilla mientras a su mente venían cada uno de esos recuerdos y al mismo tiempo que se secaba con su mano, con la otra sacaba su celular para hacer una llamada importante.

Sonaba y sonaba… pero ella no contestó. Era algo común, jamás ella le respondía a la primera llamada y aunque eso le dolía ya estaba acostumbrado. Intentó nuevamente, esta vez a su casa y ahí sí o sí respondieron. Hablaron un rato, preguntas típicas de su relación típica en la llamada típica que hacen cada cierto tiempo. Luego de tanta cosa típica, preguntó lo que nunca – hace siente años – se atrevió a preguntar. Pues él solo quería cumplir un sueño, el volver a revivir un momento que sentía jamás volver a vivir. Él solo quería pasar la navidad nuevamente… junto a ellos.