Siempre la llevaba consigo, pues era imposible separarse de aquella cajita que tanto significaba para ella. Muchos sabían que existía, por supuesto, pero poco sabían qué se encontraba en esa pequeña cajita lleva para todos lados.


Diversas cosas se encontraban ahí, unas más antiguas que otras, algunas más preferidas y otras que ojalá no estuviesen ahí. Pero la caja tenía una particularidad, cada cosa que se guarde en ella, no puede sacarse. Y así era, aunque por más que quisiera botar algunas cosas que contenía la caja, tenía que llevarlas consigo siempre.


Pocos han tenido el derecho a conocer su contenido, ella es bien reservada en ese sentido, pues no todos entregan confianza para mostrar el contenido de la caja.


Y bien, un día confió y decidió mostrar el contenido, mostrar esas penas y alegrías que guardaba ahí, esos logros y también esos fracasos…


Botó aquella caja y guardó las cosas para sí, así nadie podrá verlas aunque lo desee.



Y aprendió: Si no esperas nada de nadie, no te defrauda nadie.