Cómo no, si por momentos las señales del tránsito la llevan a avanzar hacia una dirección obligada, con luz verde, claramente. avanza, sigue ese único camino iluminado que se encuentra, y anda, libremente sin que nada la pueda detener, no escucha nada ni nadie, solo sigue el camino despejado – por supuesto – para llegar a su destino, el único destino que está esperando.

Las direcciones parecen infinitas, tantas que no alcanza ni siquiera el tiempo para mirarlas y entender todas, da vueltas y vueltas para mirar cada una de ellas, se estresa y vuelve a mirar el semáforo… y está en roja, claro, la verde en este momento la tiene otro auto que en realidad no entiende por qué el semáforo la deja avanzar a ella, si era ella solamente la que podía avanzar, pero ahora no, es otro auto.

Qué hacer. Esperar. Avanzar igual.