Él camina. Ella también.
Van en direcciones opuestas, como siempre. Sus vidas no se topan más que cuando caminan en dirección a sus clases. Él la mira. Ella también.
Sonríen coquetamente sin dejar ni un momento de caminar, no se saludan. Cada uno seguirá camino a clases, con una pequeña risa traviesa que brota de sus labios.
Él sabe. Ella también.
Los demás… no, los demás no. Siempre quedará en ellos esa complicidad que alguna vez pretendieron seguir, pero ahora él prefiere esconder… y ella, también.
2 Responses for "Complicidad"
Geri y sus historias de permiso.
No, mi vida no gira en torno a permisos como la tuya, Fabián.
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