
Todos pensaron que fracasaría, su madre la ingresó a un colegio más “especializado” pues dudaba de la capacidad para que llegara a
No podía esconder su alegría, difícilmente podría disimular la felicidad que sentía lograr una meta que tenía por ocho años (quizás más), pero durante tanto no pensó en lo más importante: No todo acaba ahí.
… para nada.
¿Ocho años? Quizás más tendrá que esperar para ver los resultados de su nueva meta.
Siempre la llevaba consigo, pues era imposible separarse de aquella cajita que tanto significaba para ella. Muchos sabían que existía, por supuesto, pero poco sabían qué se encontraba en esa pequeña cajita lleva para todos lados.
Diversas cosas se encontraban ahí, unas más antiguas que otras, algunas más preferidas y otras que ojalá no estuviesen ahí. Pero la caja tenía una particularidad, cada cosa que se guarde en ella, no puede sacarse. Y así era, aunque por más que quisiera botar algunas cosas que contenía la caja, tenía que llevarlas consigo siempre.
Pocos han tenido el derecho a conocer su contenido, ella es bien reservada en ese sentido, pues no todos entregan confianza para mostrar el contenido de la caja.
Y bien, un día confió y decidió mostrar el contenido, mostrar esas penas y alegrías que guardaba ahí, esos logros y también esos fracasos…
Botó aquella caja y guardó las cosas para sí, así nadie podrá verlas aunque lo desee.
Y aprendió: Si no esperas nada de nadie, no te defrauda nadie.
“Solo una cosa te podría reclamar…
… ¿por qué ahora y no antes?”
Si tuviera la respuesta… o mejor no, pues mejor nunca se formule la pregunta.
(y se cierran las puertas, esta vez del ascensor… esta vez para siempre)
FIN
De esos fines que sabes y tienes que hacerte la idea que llegan, siempre llegan.