Él camina. Ella también.
Van en direcciones opuestas, como siempre. Sus vidas no se topan más que cuando caminan en dirección a sus clases. Él la mira. Ella también.
Sonríen coquetamente sin dejar ni un momento de caminar, no se saludan. Cada uno seguirá camino a clases, con una pequeña risa traviesa que brota de sus labios.
Él sabe. Ella también.
Los demás… no, los demás no. Siempre quedará en ellos esa complicidad que alguna vez pretendieron seguir, pero ahora él prefiere esconder… y ella, también.
Todo tiene su principio y su final.
Todo tiene su sentido…
… en verdad no… en verdad no sé.
Mira hacia atrás. Ve cómo tuvo las cosas, ve cómo en un momento fueron suyas. Ve que nunca fue así, o tan así. Ve cómo ahora las perdió.
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Y cómo no, si hay cosas en las que a veces tienes que dejar pasar el tiempo, aunque sea mucho tiempo, pero no puedes llegar y tomarlas, así tan fácil se desvanecerían. No, no las toma. Espera un poco, espera el momento en que sí pueda tomarlas, en que sí puedan ser suyas aquellas cosas, de nadie más.
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¿Pero si alguien las toma antes? Bien, que las tome. Y verá cómo rápidamente se desvanecen en sus manos, en sus palabras, en su risa, en todo lo que tenga que ver.
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La espera se premia, espero que esta vez no sea la excepción.