Cómo no, si por momentos las señales del tránsito la llevan a avanzar hacia una dirección obligada, con luz verde, claramente. avanza, sigue ese único camino iluminado que se encuentra, y anda, libremente sin que nada la pueda detener, no escucha nada ni nadie, solo sigue el camino despejado – por supuesto – para llegar a su destino, el único destino que está esperando.
Las direcciones parecen infinitas, tantas que no alcanza ni siquiera el tiempo para mirarlas y entender todas, da vueltas y vueltas para mirar cada una de ellas, se estresa y vuelve a mirar el semáforo… y está en roja, claro, la verde en este momento la tiene otro auto que en realidad no entiende por qué el semáforo la deja avanzar a ella, si era ella solamente la que podía avanzar, pero ahora no, es otro auto.
Qué hacer. Esperar. Avanzar igual.
Te escribiría mil sinfonías, para que en cada una de ellas me recordaras… pero no soy músico. Te cantaría canciones dedicadas solamente a ti, pero no nací con el don para cantar. Podría bailarte, sí, bailarte al ritmo de hermosas melodías, pero no soy bailarina. O quizás podría fotografiarte, para tener encapsulada esa mirada que tienes, ¿te gusta cierto? A mí también, pero soy pésima fotógrafa. ¿Qué más podría hacer? Podría pintarte, pero no soy pintora… ¡diablos! ¿Y si construyo un castillo para los dos, en el que tú seas el príncipe y yo la princesa? Pero no soy constructora ni arquitecta.
Lo que me queda es escribirte, sí! Escribirte un par de líneas que me hacen pensar en ti, probablemente no digan nada de ti, en lo absoluto, pero al mirar el teclado y ver cada letra que voy digitando me acuerdo de ti, con eso me basta y sobra. Y cuando leas esto, sabrás que al escribirlo estaba pensando en ti… o no lo sabrás, no sé.
Pero escribiré, varias líneas… por ti.
Saludos para quién quería saludos por aquí, Simón.
Entre piedras, escombros, lo que sea… siempre saldrás adelante, tu fuerza impresionante más que conmover, fortalece a quién sea que te viera. Cuánto nos enseñaste tú y ellas, en tan poquísimo tiempo, enseñaste esa perseverancia, esas ganas de salir adelante, que no solo se logran teniendo un techo – que ni siquiera tenías – sino también luchando por las personas que quieres, día a día, por darles lo mejor que puedas, esa alegría, carisma, cariño, amor.
Probablemente nos des las gracias por lo que hicimos, pero de verdad creo que nosotros deberíamos dártelas a ti, por la acogida tan linda y por todo lo que nos entregaste de lunes a viernes, fue espectacular, tantas otras cosas me encantaría decir y describir pero creo que realmente no hay palabras para todo.
Araceli, Vladimir, Dennise, Tarlla, Tábata, Meiling, Katherine, creo que es difícil olvidar esos nombres, aunque sean muchos.
Serán para ti dos simples piedras, pero para mí son una de las cosas más geniales que tengo.